El Olivo
Hace miles de años, cuando muchas civilizaciones apenas comenzaban a escribir su historia, el olivo ya extendía sus raíces sobre la tierra mediterránea.
Ha sobrevivido a guerras, sequías y generaciones enteras, convirtiéndose en un símbolo de paz, esperanza y permanencia.
Cada vez que me acerco a uno de estos árboles siento un profundo respeto. Su tronco retorcido no habla de vejez, sino de fortaleza. Cada cicatriz guarda una estación difícil, cada rama nueva demuestra que siempre es posible volver a florecer.
Me gusta pensar que el olivo tiene mucho que enseñarnos. No presume de su belleza, no compite con nadie y nunca tiene prisa. Simplemente permanece, ofreciendo sombra, fruto y vida a quien se acerca.
Quizá por eso me emociona caminar entre ellos. En su silencio descubro respuestas que el ruido del mundo suele esconder. Hoy comprendo que vivir bien no consiste en crecer deprisa, sino en echar raíces profundas y regalar lo mejor de uno mismo.
Con todo mi cariño,
Madame Chardonnay